Los tallarines de mamá

Es un placer ver comer a nuestro hijo. Le gusta comer casi de todo y es bastante agradecido: no suele protestar por la comida, aunque la receta haya salido un poco diferente. A pesar de ello, tiene algunos platos fetiche que deben estar perfectos para satisfacerlo. Es el caso de los tallarines con una salsa especial que es bastante difícil de preparar… para que salga siempre exactamente igual.

Todo empezó de forma accidental. Al principio la pasta no le gustaba mucho, lo cual nos extrañaba porque suele ser el típico plato comodín para muchos niños: no sabes que hacerles, pues un poco de pasta y listo. Probamos a darle diferentes tipos de pasta y no acababa de cogerle el truco. Y entonces empezamos a probar con diferentes salsas, al margen del clásico tomate, para ver si dábamos con la tecla. Lo cierto es que se puede seguir viviendo perfectamente sin comer pasta, pero queremos que coma de toda, además de que, en el comedor del cole, la pasta suele ser también habitual.

Un día probé a hacerle una salsa carbonara, pero le añadí un poco de nata porque me faltaban ingredientes, alterando un poco la receta original de la carbonara que yo solía preparar. La probé y sabía bastante fuerte así que supuse que sería otro fracaso más. Cuál fue mi sorpresa cuando el niño se comió todo el plato y quiso repetir. El problema vino cuando unos días más tarde me dijo que quería otra vez los ‘tallarines de mamá’ y yo tuve que repetir receta. 

En esta ocasión, opté por quitar la nata y hacer una salsa carbonara tradicional ya que sí tenía todos los ingredientes y pensé que a lo mejor le gustaba más que la otra. Lo probó y apartó el plato. Y eso que, como he dicho, no suele ser de los típicos niños que se niega a comer, aunque el plato no esté completamente a su gusto. Así que me tocó volver a repetir al pie de la letra aquella primera receta improvisada. Y tuve que hacerlo dos veces más hasta dar con la tecla. Ahora ya tengo apuntadas las cantidades exactas para no fallar.