En la peluquería 

Me cuesta hacerme en entender, me pasa en la cola del supermercado y en la peluquería. Supongo que no explico las cosas muy claramente o tiendo hablar demasiado bajo, o las dos cosas. Pero a veces es un suplicio porque debo decir las cosas dos o tres veces hasta que hay un atisbo de entendimiento. Y en ocasiones, ni eso. Por eso cuando por fin encuentro a alguien con quien me entiendo intento no dejarlo escapar.

Algo así me pasa con mi peluquera. He pasado por muchos antes de encontrarla a ella. Con lo del pelo soy bastante fastidioso porque nunca quedó plenamente satisfecho. Y la primera vez que probé con ella me lo dijo claramente: “es que tienes que explicarle muy bien al peluquero lo que quieres, si no te lo cortarán a su manera”. Y creo que tenía razón, eso era justamente lo que me pasaba, pero nadie se había atrevido a decírmelo. Desde entonces ya llevo acudiendo a su peluquería un par de años.

Y como tengo confianza con ella, le comenté lo que me preocupaba del pelo, que es lo típico que nos pasa a muchos hombres: se me cae demasiado. Y ella me habló de un dermatólogo pelo que conocía y que recomendaba a personas como yo que tenían bastante pelo pero que lo perdían abundantemente. Ella me dijo que tendemos a creer que cuando se nos cae el pelo ya no hay marcha atrás. Desde luego que aún no me hemos dado con un ungüento milagroso que haga crecer el pelo, pero sí que existen muchos tratamientos efectivos. Pero, sobre todo, lo ideal es acudir cuanto antes a un especialista porque ellos son los que realmente pueden tratar el problema.

La verdad es que no lo había pensado. Tal y como dijo ella asumía que ya no había manera de pararlo y que no existían profesionales ‘capaces’ de tratar con algo así. Cuando me lo dijo estuve mirando opiniones sobre ese dermatologo pelo y la mayoría de la gente estaba muy satisfecha así que había que probar. Como se suele decir, no tenía que perder.