La llamada de mi amigo 

Son esas llamadas que nadie quiere recibir pero que por el tono de las primeras palabras ya se sabe que algo malo ha pasado. Aquella mañana mi amigo me llamó para decirme que su padre había fallecido. Fue una terrible sorpresa ya que lo habíamos visto justo el día anterior y él se encontraba bien. Pero a veces estas cosas suceden así. El problema para mi amigo es que se le juntaba todo y no se encontraba con fuerzas de ocuparse él solo de todo lo relacionado con el fallecimiento. Y no hizo falta que me lo pidiera: necesitaba ayuda.

Para situaciones así están los amigos y aunque yo tampoco tenía ninguna experiencia en estos temas, entendí que él no estaba en situación de abordarlos, bastante tenía que ver con el duelo. Debido a que tenía poca familia y la familia que tenía estaba lejos, yo era el amigo más cercano porque conocía a su padre de mucho tiempo atrás. Fue un honor, como se suele decir, ocuparme del sepelio.

Y la mejor manera de afrontarlo era con el apoyo de profesionales por lo que busqué Funeraria en Zamora ciudad. En cuando les comenté la situación todo fueron facilidades: son profesionales que saben cómo actuar en estas situaciones. Me explicaron sus servicios y las diferentes opciones que tenía la familia. Para las decisiones más relevantes me puse en contacto con mi amigo para que él eligiera, para otros detalles menos relevantes fui yo el que los solventó.

Una cosa estaba clara, porque el padre ya lo había comentado en alguna ocasión, y es que prefería la incineración. Fue una vez hablando medio en broma, medio en serio, porque siempre le gustó hablar con un poco de sorna sobre la muerte. Decía que era por sus raíces mexicanas. Ya sabemos que en México la muerte se vive de una manera muy especial, como una fiesta en celebración de los antepasados. En este sentido no hubo ningún problema ya que Funeraria en Zamora ciudad practicaba con asiduidad incineraciones ocupándose de todos los detalles sin que mi amigo tuviera que intervenir más de lo debido.