Un diseño con luz

Tal vez está mal que yo lo diga, pero mi cocina es una auténtica maravilla del diseño. Fue la última zona de la casa que dejé pendiente de renovar. Se trataba de algo muy importante para mí y preferí esperar a tener tiempo y contar con desahogo económico: no quería tener un presupuesto limitado, sabía que iba a ser una rehabilitación cara y me lo tomé con calma.

Todo empezó cuando mi amiga Sol decidió vender la casa que ella misma se había diseñado. Es arquitecta e ideó una construcción maravillosa de la que enamoré en el acto. Le dije, medio en broma, medio en serio, que si algún día vendía que, antes que a nadie, me avisará a mí que igualaría cualquier precio.

A los cinco años, Sol se tuvo que ir a Zúrich por trabajo y me llamó: la casa era mía… pero por un dinero considerable que me obligó a posponer algunas ideas de reforma. Y es que exteriormente la casa era fantástica, pero mi gusto y el de mi amiga es muy diferente si hablamos de diseño de interiores. Sin ir más lejos, nada más llegar tuve que ir a comprar articulos iluminacion para cambiarlo todo porque el gusto de Sol en cuanto a lámparas es realmente curioso… y poco apacible, por decirlo así.

Y así, dos años después de reformar casi toda la casa internamente, por fin le llegaba el turno a la cocina. Soy un gran cocinero y quería que todo quedase perfecto: fue una reforma muy cara que incluyó equipamiento de última generación con unas posibilidades de control digital que ni siquiera sabía que existían, pero que suponen una comodidad fuera de duda.

Además, tiré la casa por la ventana con los equipos de luz: a la hora de comprar articulos iluminacion me hice con un módulo LED tipo cables que cuelgan del techo y dan un aspecto increíble, pudiendo variar al detalle la gradación de luz. Todo me costó bastante dinero pero, por fin, pude tomarme mi copa de vino y disfrutar de la cocina (y la casa) que siempre soñé.