La inundación 

Hay veces en la vida que necesitas que pase algo importante para cambiar. Llevábamos varios años con la idea de hacer cambios en el baño, pero no terminábamos de encontrar el momento. Siempre había otra prioridad: porque cuando se trata de hacer una inversión en casa, aunque no sea muy grande, siempre surgen dudas. Pero todas nuestras dudas se disiparon con la inundación.

Mi mujer ya llevaba tiempo diciendo que la bañera estaba mal y que a ver cuándo poníamos una ducha con mamparas de baño plegables. Y tenía razón, claro. Pero ella tampoco se decidía cuando yo le daba carta blanca para actuar. Un buen día se atascó la bañera otra vez y yo tuve la brillante idea de desatornillar el desagüe: un gran error. Inundamos a los vecinos y se armó la de San Quintín. Y fue así como empezamos a pensar en cambiarlo todo de una vez.

Cuando llegó el fontanero nos dijo: “pero este desagüe está un poco suelto”. Y yo empecé a silbar. No sé si el fontanero creyó mis excusas o no. Seguramente se hizo el sueco y arregló el desaguisado. Con los de abajo se encargó el seguro. Aunque según el video que nos mostró la vecina aquello parecía el diluvio universal. Menuda aventura debieron pasar.

Una vez que el problema se solucionó vislumbramos claramente que la prioridad ahora era arreglar el baño, hacer una reforma en condiciones que incluyera, como medidas fundamentales, cambiar la bañera, poner una ducha y unas mamparas de baño plegables. Con ellos ganaríamos espacios y nos iríamos adaptando al futuro: porque al final las bañeras siempre son un lastre, sobre todo si solo tienes un baño como es nuestro caso. 

Hasta ahora hemos resistido bien así, pero es cierto que una ducha nos va a venir mucho mejor. Ahora bien: ¿cómo acertar con el diseño? Decidimos que era el momento de invertir y no reparar en gastos. Al fin y al cabo, el baño es una parte muy importante del hogar y no queríamos volver a tener los problemas que tuvimos últimamente por no actuar a tiempo.

¿Por qué todo el mundo ama las patatas congeladas?

Las patatas congeladas son plato de gusto para prácticamente todo el mundo. Los niños las adoran, los adolescentes las comen en los menús de sus restaurantes de fast food favoritos y los adultos también las disfrutamos como algo especial para un picoteo diferente.

Cuando hablamos de patatas congeladas todos pensamos en las típicas patatas que nos ofrecen bien tostadas y con un punto de sal, en muchas hamburgueserías o que cocinamos en casa. Pero si hablamos de patatas congeladas para hosteleria las opciones son mucho más numerosas.

Nos encontramos patatas muy finas para acompañar diferentes platos en los que las patatas paja son elemento diferenciador. Otras con un corte algo más grueso para los platos de mesa típicos con patatas fritas alargadas. Pero también patatas congeladas estilo gajo, muy sabrosas y que casan a la perfección con diferentes salsas.

Las ventajas de estas patatas está en el trabajo que se ahorran en los establecimientos de hostelería. No hay que pelar y lavar las patatas, solo sacar del paquete la cantidad justa y ponerse a cocinar. Ni siquiera es necesario esperar a que descongelen, pueden ir a la freidora directamente. Esto ahorra muchísimo tiempo y también muchos problemas, como por ejemplo un empleado que pele las patatas muy gruesas y se deje la mitad en el cubo de la basura.

Además, las patatas estarán siempre deliciosas evitando los problemas y las diferencias de sabor que hay a lo largo de la temporada. Por ejemplo, patatas nuevas demasiado dulces para el gusto de algunos o patatas viejas que tienen manchas y un aspecto que no gusta a los clientes, aunque su sabor no se haya visto afectado.

Las patatas congeladas han mejorado mucho en los últimos años y ahora, cuando son de calidad, incluso puede ser difícil diferenciarlas de las patatas caseras. Tal vez, la manera de hacerlo sea porque son todas idénticas y están cortadas de la misma forma y tamaño, ya que el sabor es exactamente el mismo y por eso encantan a toda la familia.

También se mantienen todas las propiedades de las patatas, que tienen exactamente los mismos nutrientes cuando se consumen pelándolas y friéndolas que sacándolas del congelador para la freidora.  Esto sucede gracias a los ultracongelados que logran que el proceso se lleve a cabo en muy pocos minutos, sin alterar para nada las propiedades de la patata original.