Los tallarines de mamá

Es un placer ver comer a nuestro hijo. Le gusta comer casi de todo y es bastante agradecido: no suele protestar por la comida, aunque la receta haya salido un poco diferente. A pesar de ello, tiene algunos platos fetiche que deben estar perfectos para satisfacerlo. Es el caso de los tallarines con una salsa especial que es bastante difícil de preparar… para que salga siempre exactamente igual.

Todo empezó de forma accidental. Al principio la pasta no le gustaba mucho, lo cual nos extrañaba porque suele ser el típico plato comodín para muchos niños: no sabes que hacerles, pues un poco de pasta y listo. Probamos a darle diferentes tipos de pasta y no acababa de cogerle el truco. Y entonces empezamos a probar con diferentes salsas, al margen del clásico tomate, para ver si dábamos con la tecla. Lo cierto es que se puede seguir viviendo perfectamente sin comer pasta, pero queremos que coma de toda, además de que, en el comedor del cole, la pasta suele ser también habitual.

Un día probé a hacerle una salsa carbonara, pero le añadí un poco de nata porque me faltaban ingredientes, alterando un poco la receta original de la carbonara que yo solía preparar. La probé y sabía bastante fuerte así que supuse que sería otro fracaso más. Cuál fue mi sorpresa cuando el niño se comió todo el plato y quiso repetir. El problema vino cuando unos días más tarde me dijo que quería otra vez los ‘tallarines de mamá’ y yo tuve que repetir receta. 

En esta ocasión, opté por quitar la nata y hacer una salsa carbonara tradicional ya que sí tenía todos los ingredientes y pensé que a lo mejor le gustaba más que la otra. Lo probó y apartó el plato. Y eso que, como he dicho, no suele ser de los típicos niños que se niega a comer, aunque el plato no esté completamente a su gusto. Así que me tocó volver a repetir al pie de la letra aquella primera receta improvisada. Y tuve que hacerlo dos veces más hasta dar con la tecla. Ahora ya tengo apuntadas las cantidades exactas para no fallar.

Evita los atascos viajando en barco por la ría de Vigo

Vigo es una ciudad con muchos encantos, entre los que destacan sus bellos alrededores. Pero, por desgracia, tal como ocurre en la mayoría de grandes ciudades, también es una ciudad con problemas de tráfico. Y, en ocasiones, salir o entrar de la ciudad puede ser algo estresante, especialmente en horas punta en las que es mucha la gente que se desplaza a un mismo tiempo.

En verano, este problema de tráfico se ve acentuado por el hecho de que son muchas las personas que, desde el interior, se desplazan a las playas y crean largas caravanas de coches que se unen a las de las personas que trabajan o tratan de desplazarse de forma habitual por las calles.

Pero si tu objetivo es ir a lugares como Cangas, desde Vigo, puedes hacerlo sin miedo a los atascos y sabiendo que siempre vas a llegar a la hora exacta. Esto es especialmente importante si el motivo de tu desplazamiento es laboral. Y puedes hacerlo recurriendo al barco. Y es que desde Vigo y en dirección a Cangas, parten todos los días barcos que hacen el recorrido de ida y de vuelta y que permiten realizar el viaje sin miedo a atascos o a retrasos.

Los horarios barcos a cangas desde vigo son muy amplios. Aunque pueden variar según la temporada y siempre es mejor comprobarlos, salen por la mañana hasta la noche y el viaje es rápido y tranquilo. Además, es muy interesante saber que la tarjeta de transporte metropolitano también es válida para este barco, por lo que se consigue una rebaja francamente interesante en el billete, algo para tener en cuenta si se realiza este viaje con frecuencia.

Aunque es durante el verano cuando este tipo de transporte se vuelve más popular, no son pocas las personas que lo utilizan durante todo el año de forma habitual. El hecho de poder viajar en el interior cuando hace mal tiempo facilita mucho las cosas y garantiza un viaje cómodo y agradable incluso en condiciones adversas.

Dado que estamos hablando de ría, el mar nunca está demasiado alborotado por lo que se trata de un trayecto perfectamente realizable para quienes nunca han usado este medio de transporte y, para quienes se mareen, un chicle para el mareo como el que se usa cuando se viaja en bus es más que suficiente.

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